1.Introducción

El cáncer de mama continúa siendo un problema de salud pública de alta relevancia a nivel mundial, no sólo por su elevada incidencia, sino también por su impacto en la mortalidad y en la calidad de vida de quienes lo padecen. En el año 2022 se notificaron 2.296.840 nuevos casos de cáncer de mama en el mundo, lo que corresponde al 12% de todos los cánceres diagnosticados. Desde una perspectiva de género, esta neoplasia representó el 24% de los casos de cáncer diagnosticados en mujeres a nivel mundial y, en términos de mortalidad, concentró el 15% de todas las muertes por cáncer en este grupo 1.

La detección temprana mediante tamizaje mamográfico ha demostrado ser una herramienta eficaz para reducir la mortalidad por cáncer de mama, al permitir el diagnóstico en etapas asintomáticas y aumentar la posibilidad de tratamientos curativos 2. No obstante, la efectividad del tamizaje está determinada por la edad de inicio, la cobertura poblacional y la periodicidad de las mamografías, aspectos en los que aún se observan diferencias entre las recomendaciones disponibles 3.

En este contexto, el presente trabajo tiene como objetivo reflexionar críticamente sobre la vigencia de la política de tamizaje del cáncer de mama en Chile, frente a la evidencia científica y epidemiológica actual.

2.Entre avances y brechas: la realidad del cáncer de mama en Chile

En Chile, el cáncer de mama se ha consolidado como la principal causa de mortalidad oncológica en mujeres, representando un problema de salud pública de alto impacto debido a su elevada incidencia y mortalidad. En 2022 se notificaron 5.640 nuevos casos, con una tasa de incidencia estandarizada por edad de 38,2 por cada 100.000 mujeres 1.

La incorporación del cáncer de mama en el régimen de Garantías Explícitas en Salud (GES) en el 2005 4 y su inclusión en el Plan Nacional del Cáncer 5 representa un avance relevante en el acceso al diagnóstico y tratamiento. Sin embargo, las cifras reportadas en las últimas décadas evidencian que estos esfuerzos no se han traducido en una disminución sostenida de la mortalidad.

Entre 2002 y 2022, la tasa estandarizada de mortalidad disminuyó de 18,0 a 15,75 por 100.000 habitantes, mientras que la tasa cruda aumentó de 13,16 a 16,97 por 100.000, fenómeno que podría estar relacionado tanto con el envejecimiento de la población como con posibles limitaciones en la cobertura o en la oportunidad del tamizaje.

En el grupo de mujeres de 40 a 44 años, la mortalidad por cáncer de mama fluctuó entre 8,55 y 12,83 por 100.000, mientras que en aquellas de 45 a 49 años se mantuvo en valores más elevados, entre 14,07 y 19,55 por 100.000. En mujeres más jóvenes, de 30 a 34 años, las tasas aumentaron de 1,98 a 3,71 por 100.000, y en el grupo de 35 a 39 años oscilaron entre 3,81 y 6,99 por 100.000, lo que evidencia que la enfermedad también afecta a mujeres en etapas tempranas de la vida. En los grupos etarios actualmente contemplados en la recomendación técnica de la política pública de tamizaje mamográfico (50 a 74 años), las tasas fueron considerablemente más altas, especialmente en mujeres mayores de 65 años, con valores que variaron entre 67,94 y 76,58 por 100.000 habitantes durante las dos últimas décadas 6.

Estos datos sugieren que el impacto del cáncer de mama no se limita a las mujeres mayores de 50 años. Las tasas observadas en el grupo de 40 a 49 años, actualmente no priorizado en los programas de tamizaje, ponen de manifiesto la necesidad de considerar estrategias más amplias de detección precoz. Esta observación es relevante, dado que el cáncer en mujeres jóvenes puede presentar características biológicas más agresivas y, en algunos casos, un pronóstico menos favorable 7, 8.

Estudios internacionales también han documentado un aumento sostenido de la incidencia de cáncer de mama en mujeres jóvenes 9, 10, 11. Estos hallazgos refuerzan la pertinencia de revisar las políticas de tamizaje en Chile, con el objetivo de adaptar las estrategias a las tendencias epidemiológicas actuales.

Las recomendaciones vigentes del Ministerio de Salud, basadas en evidencia de inicios de los años 2000, establecen la recomendación de realización mamografías bienales entre los 50 y 74 años, siguiendo las directrices del US Preventive Services Task Force (USPSTF) de 2002 12. No obstante, la USPSTF actualizó sus orientaciones en 2024, recomendando iniciar el tamizaje a los 40 años, en función de evidencia más reciente sobre los beneficios de la detección temprana 13.

En consecuencia, la base normativa de la política chilena de tamizaje requiere un proceso de revisión y ajuste, dado que el marco vigente no incorpora plenamente las condiciones epidemiológicas actuales del país ni la evidencia científica más reciente relacionada con la prevención y detección temprana del cáncer de mama. En el contexto de los avances normativos, la Ley N° 21.551, promulgada en 2023, eliminó el requisito de orden médica para la realización de mamografías, en el marco de las prestaciones preventivas garantizadas por el sistema de salud 14. Por su parte, la Circular IF/N°435 de la Superintendencia de Salud estableció que dicha exención se aplica a mujeres entre 50 y 59 años, con cobertura financiera garantizada y con una periodicidad de cada tres años 15. Este marco regulatorio evidencia progresos orientados a facilitar el acceso al diagnóstico desde el punto de vista administrativo y financiero, al tiempo que plantea interrogantes respecto de los criterios etarios definidos, la periodicidad establecida y su correspondencia con la evidencia epidemiológica y científica más reciente sobre el tamizaje del cáncer de mama.

3.Fundamentos para el tamizaje temprano

Diversos organismos internacionales, entre ellos la USPSTF, han actualizado sus recomendaciones promoviendo el inicio del tamizaje mamográfico a partir de los 40 años 13, en concordancia con una tendencia global basada en evidencia reciente. En la última década, la literatura ha mostrado un consenso creciente respecto a los beneficios de iniciar el tamizaje en mujeres de riesgo promedio a partir de los 40 años, lo que se ha asociado con una reducción significativa de la mortalidad y un mayor número de años de vida ganados por cada mamografía realizada 16.

El American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG) también respalda el inicio del tamizaje a los 40 años como práctica estándar, recomendando ofrecer esta alternativa a todas las mujeres de riesgo promedio 17. Aunque reconoce que el tamizaje desde los 50 años puede reducir la mortalidad, señala que adelantar su inicio podría aportar beneficios adicionales, especialmente en mujeres con factores de riesgo menos evidentes.

Un estudio reciente en Canadá demostró que comenzar el tamizaje a los 40 años, en lugar de hacerlo a los 50, resulta costo-efectivo al prevenir un mayor número de muertes y generar más años de vida ajustados por calidad (AVAC) 18. Esta relación costo-efectiva se explica porque, aunque la medida implica un incremento en el número de exámenes realizados, los costos adicionales se compensan con la reducción de tratamientos requeridos para cánceres detectados en etapas más avanzadas.

En Europa, tanto la Sociedad Europea de Imágenes Mamarias (EUSOBI) como la Sociedad Europea de Radiología (ESR) recomiendan comenzar el tamizaje a los 40 años en mujeres de riesgo promedio y considerar estrategias como la resonancia magnética, desde los 25 años en mujeres con alto riesgo 19. Estas actualizaciones reflejan un proceso de ajuste basado en la evidencia acumulada y en la evolución de los patrones epidemiológicos internacionales.

4.Tamizaje pendiente: desafíos y oportunidades para Chile

La evidencia nacional e internacional disponible sugiere que mantener la edad de inicio del tamizaje mamográfico a partir de los 50 años podría no responder plenamente a las características epidemiológicas y clínicas actuales del país. La política vigente, basada en recomendaciones de más de dos décadas, requiere una revisión técnica que permita actualizar sus fundamentos y alinearlos con los nuevos avances científicos.

La principal implicancia de iniciar el tamizaje en edades más avanzadas radica en la disminución de la oportunidad para la detección precoz del cáncer de mama en mujeres menores de 50 años. Este grupo etario ha mostrado una participación creciente en la incidencia nacional y, pueden presentar tumores de comportamiento biológico más agresivo y con menor supervivencia en comparación con los observados en mujeres de mayor edad 7, 8. Este patrón epidemiológico se asocia, además, a un impacto económico y social significativo, vinculado a la necesidad de tratamientos de mayor complejidad y a las consecuencias derivadas de la mortalidad prematura.

Asimismo, la exclusión de mujeres entre 40 y 49 años de los programas de tamizaje puede contribuir a mantener brechas en salud. Este grupo etario, especialmente aquellas pertenecientes a sectores socioeconómicos más vulnerables, enfrenta mayores barreras de acceso a mamografías y depende en gran medida de la cobertura garantizada de manera gratuita por las políticas públicas para acceder a un diagnóstico oportuno. La ampliación del rango etario podría favorecer un abordaje más equitativo en la detección temprana del cáncer de mama.

En el ámbito internacional, el reconocimiento del aumento de casos en mujeres menores de 50 años y los beneficios del tamizaje temprano han conducido a la revisión de las recomendaciones en diversas entidades y países, como la USPSTF, el ACOG, Canadá y varias naciones europeas 13, 17, 18, 19. En este contexto, la evaluación y actualización periódica de las políticas nacionales en Chile podría contribuir a fortalecer la efectividad de las estrategias de detección precoz y a responder de manera más adecuada a la dinámica epidemiológica actual.

5.Conclusión

La evidencia disponible sugiere que la política vigente de tamizaje para el cáncer de mama en Chile presenta limitaciones frente a la actual realidad epidemiológica y clínica. Mantener una estrategia basada en directrices elaboradas hace más de dos décadas, que no considera a mujeres menores de 50 años, plantea desafíos relevantes desde una perspectiva técnica y ética.

La creciente incidencia de cáncer de mama en mujeres jóvenes, junto con el carácter potencialmente más agresivo que pueden presentar algunos tumores en este grupo etario, y las recomendaciones internacionales que respaldan el inicio del tamizaje a los 40 años, conforman un cuerpo de evidencia que respalda la necesidad de revisar oportunamente las políticas nacionales. Más allá del objetivo de reducir la mortalidad, es fundamental avanzar hacia estrategias que garanticen un acceso equitativo a la detección precoz y a tratamientos oportunos, promoviendo mejores expectativas de sobrevida y calidad de vida.

Chile enfrenta el desafío de actualizar su política de detección precoz del cáncer de mama, ampliando el rango etario de cobertura, fortaleciendo la equidad en el acceso y promoviendo la educación sanitaria. Este proceso requiere, además, potenciar la investigación local que permita comprender con mayor profundidad el comportamiento del cáncer de mama en mujeres chilenas menores de 50 años, generando evidencia contextualizada para la toma de decisiones.

Desde una perspectiva reflexiva, resulta necesario considerar que la vigencia y efectividad de las estrategias de detección temprana dependen en gran medida de la actualización continua de las políticas de tamizaje, de modo que respondan oportunamente a los cambios en los patrones de morbilidad y en los determinantes sociales de la salud. Las decisiones en esta materia deben sustentarse en la mejor evidencia científica disponible, considerando los aspectos técnicos, económicos y éticos que inciden en la implementación de políticas públicas sostenibles.

Esta reflexión reconoce como limitación su carácter teórico, sin incorporar análisis económicos exhaustivo o evaluaciones de impacto sanitario local. No obstante, su aporte radica en fomentar una discusión informada sobre la pertinencia y oportunidad de actualizar las estrategias de detección precoz desde una perspectiva crítica y analítica.

Avanzar hacia una modernización del tamizaje mamográfico desde los 40 años debiera entenderse no solo como una medida técnica, sino también como una oportunidad para fortalecer la justicia sanitaria y responder a los cambios epidemiológicos observados en el país. Contar con evidencia y referentes internacionales sólidos ofrece una base suficiente para impulsar una revisión que permita alinear las políticas nacionales con los estándares actuales y favorecer la detección oportuna.

6.Información Adicional

Financiación: No existe fuente de apoyo económico para la realización de este ensayo.

Conflicto de intereses: Ambos autores declaran no tener conflictos de intereses.

Presentación previa en congresos: Este artículo no ha sido presentado previamente como comunicación oral ni en formato póster en congresos científicos.

Origen del manuscrito: Este artículo es parte del trabajo académico desarrollado en el marco de la tesis doctoral en curso de la autora principal, correspondiente al programa de Doctorado en Salud Pública de la Universidad Internacional Iberoamericana – UNINI México.